La Preparatoria 5 fortalece su labor docente con las Jornadas Académicas Intersemestrales 2026
Entre la actualización pedagógica, la reflexión institucional, el acompañamiento socioemocional y la capacitación práctica en protección civil, profesores de este plantel participaron en talleres y actividades orientadas a fortalecer su quehacer educativo.
Antes de que las aulas vuelvan a llenarse de voces, mochilas, libros, preguntas y el entusiasmo de sus estudiantes, hay un espacio intermedio que a menudo pasa inadvertido, pero que es esencial para la vida escolar: el periodo intersemestral del personal académico como momento de formación, actualización, planeación y reflexión. Es ahí, en los días entre el fin de un ciclo y inicio de un nuevo, donde se preparan muchas de las condiciones que permitirán acompañar de mejor manera a los jóvenes bachilleres.
Con ese espíritu, la Preparatoria 5, comunidad del Sistema de Educación Media Superior (SEMS) de la Universidad de Guadalajara (UdeG) llevó a cabo sus Jornadas Académicas Intersemestrales 2026, un encuentro dirigido a los docentes del plantel, realizado de cara al ciclo escolar que inicia en agosto, con el objetivo de actualizar herramientas educativas, pedagógicas, normativas, socioemocionales y de gestión de emergencias.
Las actividades se desarrollaron el lunes 29 de junio y jueves 2 de julio, en la biblioteca “Lic. Carlos Ramírez Ladewig”, uno de los espacios más representativos del plantel. Durante estos dos días, docentes, autoridades y especialistas se reunieron para dialogar, compartir experiencias, revisar procesos institucionales y fortalecer capacidades relacionadas con la práctica educativa.
A lo largo del programa se abordaron temas vinculados con la integración del personal, la práctica integral del profesorado, la actividad docente, la identificación de señales de alerta académicas, conductuales y emocionales, el manejo de grupo, la protección civil y el análisis acerca de el ser y el quehacer docente.
Esta diversidad de temas buscó reconocer que la labor educativa no se limita al instante en que un profesor entra al aula. Enseñar implica planear, escuchar, acompañar, observar, evaluar, orientar, atender lineamientos institucionales, establecer límites claros, comunicarse con otras áreas, intervenir oportunamente ante situaciones de riesgo y, sobre todo, actualizarse de manera permanente para responder a las necesidades de cada generación.
En ese sentido, las jornadas representaron un momento para valorar los avances obtenidos hasta el momento, pero también para identificar retos y preparar el camino para el semestre 2026-B, que está por comenzar. De igual forma, fueron un recordatorio puntual de que la calidad educativa se construye desde múltiples dimensiones: la humana, la académica-pedagógica, la normativa, la preventiva y la comunitaria.
Desde el inicio, el ambiente fue de disposición y apertura. La biblioteca abrió sus puertas para albergar un formato que combinó mensajes institucionales, talleres, actividades de integración, recesos de convivencia y ejercicios prácticos. El propósito fue generar una experiencia formativa que no solo transmitiera información de forma unidireccional, sino que también fortaleciera el sentido de comunidad académica.
La apertura del evento estuvo encabezada por el maestro José Manuel Jurado Parres, director; la maestra Lara Neri Montes, secretario; el maestro José Francisco Estrada Ayala, coordinador académico; y la licenciada Jazmín Acosta Álvarez, jefa de la unidad de servicios educativos y orientadora educativa.
Durante el mensaje de bienvenida, el maestro Jurado Parres hizo un llamado a asumir la actualización docente como una tarea compartida, necesaria y pertinente, especialmente en una institución pública centrada en la educación media superior y que, por ello, atiende a una población estudiantil diversa, dinámica y en constante transformación.
Enseguida, se dio comienzo al primer punto de la orden del día con una actividad de integración conducida por la maestra Margarita Madrazo Frutos, quien abrió el espacio desde una perspectiva humana y participativa. Su trayectoria en psicología, desarrollo humano y acompañamiento terapéutico permitió que el arranque de las jornadas no se centrara únicamente en los contenidos de trabajo, sino también en la disposición del grupo para convivir, escucharse y reconocerse como parte de un mismo equipo de trabajo.
La actividad provocó un ambiente de confianza y cercanía entre los asistentes. En un plantel de bachillerato, donde las relaciones entre docentes, estudiantes, directivos y personal administrativo sostienen gran parte de la vida institucional, estos espacios ayudan a reforzar la confianza y a recordar que el trabajo educativo se construye en colectivo.
Así, la participación de la maestra Madrazo Frutos inició con los trabajos desde una dimensión sensible, pues antes de hablar de programas, normas, estrategias o protocolos, las jornadas comenzaron con la idea de que la escuela está formada por personas, y son las personas quienes hacen posible la vida académica.
Después de la actividad inicial y de un breve receso, el evento continuó con el taller “La práctica integral del docente”, impartido por la maestra Lara Neri Montes. Este espacio abordó la docencia desde una perspectiva amplia, que va más allá de la transmisión de contenidos, dónde invitó al profesorado a detenerse, dialogar y pensar conjuntamente acerca del sentido de la escuela, el deber ser del profesor, la identidad institucional dentro de la Universidad de Guadalajara y los límites de responsabilidad compartida entre docentes, familias e institución.
El inicio del taller partió de una pregunta tan sencilla como profunda: “Si mañana desapareciera la escuela… ¿qué perdería la sociedad?”. A partir de esa provocación, los asistentes fueron invitados a pensar la escuela no solo como un edificio o un espacio administrativo, sino como una institución social que organiza saberes, construye comunidad, acompaña trayectorias, transmite valores y abre oportunidades para las nuevas generaciones.
Posteriormente, el trabajo avanzó hacia una dinámica de construcción grupal. Organizados en equipos, se reflexionó acerca de preguntas clave: ¿qué es una escuela?, ¿para qué sirve?, ¿cuáles son sus límites? y ¿cuál es el deber ser del profesor en el nivel medio superior?. Mediante la estrategia de cartel conceptual, cada equipo debía escribir cinco ideas principales, redactar una frase síntesis y señalar algún riesgo o desviación frecuente en la práctica educativa, para ser compartido en plenaria al terminar.
Otro momento relevante del taller fue la reflexión entorno a la identidad institucional. La maestra Neri Montes invitó al profesorado a pensar qué significa pertenecer a la Universidad de Guadalajara, cuál es la razón institucional de formar parte de una universidad pública y qué representa, en lo personal y profesional, ser docente de esta institución. Para dinamizar esta reflexión, se utilizó la estrategia “palabra-identidad”, en la que los participantes indicaron una palabra que representara para ellos ser parte de la Universidad. A partir de esas respuestas, el taller abrió una nueva pregunta: ¿estamos viviendo esas palabras en nuestra práctica cotidiana?.
La sesión también abordó el tema de la seguridad institucional y los límites, entendidos no desde una perspectiva restrictiva, sino como parte necesaria de una formación integral. A través de una reflexión guiada, se revisó la relación entre tres dimensiones: lo pedagógico, lo formativo y lo familiar. En el centro de esas dimensiones se ubicó la formación integral del estudiante, entendida como una tarea compartida, pero no confundida.
Las jornadas continuaron con la participación del maestro Gerardo Martín Nuño Orozco, coordinador de de Áreas de Conocimiento del SEMS, quien desarrolló el tema “La actividad docente”. Su intervención permitió profundizar en los componentes académicos, normativos y organizativos que forman parte del ejercicio profesional del profesorado.
Con una trayectoria ligada a la docencia, la actualización pedagógica, la evaluación de la calidad y la mejora académica dentro del Sistema, el maestro Nuño Orozco abordó la actividad docente como una práctica profesional compleja. Su mirada permitió recordar que impartir clase es solo una parte visible de un proceso más amplio que incluye planeación, seguimiento, participación colegiada, cumplimiento de programas, evaluación de aprendizajes y compromiso con los lineamientos normativos.
Su intervención reconoció que la actividad docente tiene dimensiones académicas, éticas, administrativas e institucionales. En el bachillerato universitario, el profesorado no solo transmite conocimientos de una disciplina; también contribuye a formar hábitos de estudio, pensamiento crítico, responsabilidad, convivencia y sentido de pertenencia.
Esta reflexión permitió igualmente, darle la debida importancia al trabajo colegiado. En una preparatoria, el cuerpo académico no trabaja de manera aislada. Las academias, departamentos, coordinación académica y áreas de apoyo forman parte de una estructura que busca asegurar coherencia, calidad y acompañamiento en los procesos educativos.
Este punto fue clave para comprender el sentido de las jornadas, pues actualizar al personal docente va más allá de únicamente ofrecer información nueva, sino de alinear criterios, fortalecer procesos comunes y generar una base compartida para el ciclo que inicia, ya que, cuando una comunidad académica dialoga acerca de su labor, también construye mejores condiciones para el estudiantado.
Las actividades del primer día llegaban a su última intervención con la conferencia “Señales de alerta académicas, conductuales y emocionales”, impartida por el maestro Diego Ernesto Ruiz Navarro, coordinador de Bienestar Integral y Convivencia del SEMS.
La sesión partió de una precisión fundamental: no se busca que los docentes asuman el papel de psicólogos, sino que puedan actuar como “radares” sensibles y responsables, capaces de identificar cambios, escuchar con atención, registrar situaciones relevantes y canalizar oportunamente cuando sea necesario.
A partir de una reflexión acerca de las adolescencias, el maestro Ruiz Navarro explicó que ciertas conductas que suelen interpretarse como rebeldía, desobediencia o falta de interés pueden estar relacionadas con procesos propios de esta etapa, como la intensidad emocional, la búsqueda de novedad, la necesidad de pertenencia y la dificultad para regular impulsos. En ese sentido, subrayó que el papel de los adultos es ofrecer estímulo, ejemplo, apoyo y límites.
El diálogo también abordó la importancia de construir entornos protectores dentro de la escuela, basados en la confianza cotidiana, la observación sin invasión, la validación emocional y la promoción de espacios seguros. Para ello, el ponente propuso poner atención a cambios en la conducta, las rutinas, los vínculos, la participación y el estado emocional del estudiantado.
Uno de los ejes prácticos fue el semáforo de alertas, una herramienta para distinguir entre señales académicas, emocionales y conductuales que pueden requerir seguimiento o atención inmediata. Entre ellas se mencionaron el ausentismo, el bajo rendimiento repentino, la falta de entrega de actividades, el aislamiento, la apatía, la irritabilidad, los conflictos recurrentes, las expresiones de desesperanza, las conductas de riesgo o los cambios notorios en la forma de relacionarse.
En la parte final, el maestro Diego Ruiz compartió una guía de actuación centrada en escuchar, orientar y derivar. Recordó que la primera ayuda que puede brindar un docente no consiste en resolverlo todo, sino en estar presente, escuchar sin juzgar, ofrecer información clara y activar las rutas institucionales correspondientes. Con esta intervención concluyó el primer día de las jornadas académicas.
En la reanudación de actividades se dio continuidad a los trabajos iniciados previamente, con el tema “Técnica y manejo de grupo”, impartida por la maestra Nancy del Rocío Palacios Prado. Su participación abordó uno de los aspectos más cotidianos y, al mismo tiempo, más complejos de la docencia: la conducción del aula.
Desde su experiencia en psicología, educación, acompañamiento socioemocional y trabajo con dinámicas familiares y escolares, la maestra Palacios Prado invitó al profesorado a mirar el aula no solo como un espacio de enseñanza, sino como un entorno relacional donde la comunicación, los límites claros, la gestión emocional y la conducción pedagógica son fundamentales para favorecer el aprendizaje.
El manejo de grupo no puede reducirse a mantener orden. Implica construir condiciones para que el aprendizaje ocurra, generar acuerdos, establecer límites claros, promover la participación, atender conflictos, reconocer dinámicas internas y sostener una comunicación efectiva con los estudiantes. En el nivel medio superior, esto adquiere especial importancia porque los grupos suelen ser diversos en intereses, estilos de aprendizaje, niveles de madurez y contextos personales.
Durante la sesión, el tema ayudó a comprender que la autoridad docente se entiende no como imposición, sino como conducción pedagógica. Una buena técnica de manejo de grupo ayuda a que el aula sea un espacio seguro, organizado y propicio para la participación. Para ello, se requiere claridad en las reglas, congruencia en la actuación, escucha activa y estrategias que favorezcan la corresponsabilidad del estudiantado.
La exposición también permitió reconocer que cada grupo tiene una dinámica propia. No existen fórmulas únicas ni respuestas automáticas para todas las situaciones. La experiencia docente, combinada con herramientas pedagógicas y psicológicas, permite tomar mejores decisiones ante escenarios diversos, con grupos participativos, grupos dispersos, conflictos entre estudiantes, desmotivación, resistencia al trabajo o dificultades para sostener la atención.
Posteriormente, se dio paso al tema de “Protección Civil”, impartido por el licenciado Carlos González Orozco, jefe de la unidad de protección civil del SEMS. Su participación amplió la mirada de las jornadas hacia el tema de la seguridad, la prevención y la capacidad de respuesta ante emergencias dentro del entorno escolar.
Durante la primera parte de la sesión se abordó la importancia de la prevención como una cultura institucional. Saber qué hacer ante una emergencia, cómo actuar ante diversas situaciones, cómo identificar riesgos, cómo participar y cómo colaborar con las brigadas internas son conocimientos indispensables para cualquier comunidad escolar.
Inmediato a la explicación del tema, llegó uno de los momentos más significativos de esta capacitación, pues no se quedó únicamente en el segmento teórico. Como parte de la actividad, en el pasillo principal de la escuela se configuraron cinco estaciones de práctica, en las que los docentes se organizaron por equipos y fueron rotando para conocer, observar y ejercitar procedimientos básicos de atención ante emergencias.
Una de las estaciones estuvo dedicada a la reanimación cardiopulmonar, RCP, donde se revisaron los pasos esenciales para actuar ante una persona que no respira o que pudiera presentar un paro cardiorrespiratorio. A través de la práctica guiada, se insistió en la importancia de mantener la calma, solicitar apoyo inmediato y aplicar maniobras de manera correcta mientras arriban los servicios de emergencia.
Otra estación abordó el camillaje, técnicas de inmovilización y traslado de lesionados. En este espacio, los equipos practicaron la forma adecuada de movilizar a una persona herida, cuidar la alineación del cuerpo, coordinar movimientos entre varias personas y evitar acciones improvisadas que pudieran agravar una lesión.
También se trabajó una estación de vendajes básicos, orientada a reconocer distintas formas de protección y soporte ante heridas o lesiones. Los profesores practicaron colocaciones sencillas, revisaron criterios de presión y ajuste, y reflexionaron acerca de la importancia de actuar con higiene, precisión y serenidad ante situaciones que pueden presentarse en la vida cotidiana del plantel.
En otra estación se abordó el control de hemorragias y uso de torniquete, con énfasis en la identificación de lesiones que requieren una respuesta inmediata. Bajo la guía del especialista, los participantes revisaron la importancia de aplicar presión directa, reconocer la gravedad del sangrado o fractura y comprender en qué circunstancias un torniquete puede ser una medida necesaria dentro de una emergencia.
La última estación se centró en la atención inicial ante desmayos, desvanecimientos o pérdida súbita del estado de alerta. En este ejercicio se revisaron formas seguras de auxiliar a una persona que pierde el equilibrio o se desvanece, así como recomendaciones para evitar golpes, proteger la integridad física y brindar acompañamiento inicial sin poner en riesgo a quien auxilia ni a la persona afectada.
La dinámica por estaciones permitió que la capacitación fuera vivencial. Los participantes académicos no escucharon conceptos solamente, sino que participaron activamente, hicieron preguntas, practicaron y reconocieron la importancia de estar preparados para responder ante situaciones reales.
La inclusión de este tema dentro de las Jornadas Académicas Intersemestrales 2026 fue parte de la visión integral de la Preparatoria 5 para formar y actualizar a los profesores más allá de aspectos meramente académicos, sino también en aquellos que inciden directamente en la vida, el bienestar y la seguridad de los universitarios.
Tras el espacio destinado a protección civil, las jornadas continuaron con la última presentation “El ser y el quehacer del docente”, impartida por el maestro José Francisco Estrada Ayala.
Desde su experiencia frente a grupo y su trayectoria en la coordinación académica del plantel, el maestro Estrada Ayala abordó la docencia como una práctica que combina vocación, responsabilidad, conocimiento disciplinar y compromiso.
El “ser” remite a la identidad, al compromiso, a la ética profesional, a la forma en que cada docente asume su papel dentro de la comunidad. El “quehacer” se refiere a las acciones concretas como planear, enseñar, evaluar, acompañar, orientar, dialogar, corregir o aprender.
La docencia se construye en esa relación entre identidad y práctica. No basta con dominar una disciplina, también es necesario saber comunicarla, adaptarla, contextualizarla y ponerla al servicio del aprendizaje de la juventud. Tampoco basta con tener vocación si no se acompaña de actualización, responsabilidad y trabajo colegiado.
Con esta intervención, cerraron las participaciones temáticas dentro de las Jornadas Académicas Intersemestrales 2026.
Para el mensaje de clausura, el maestro José Manuel Jurado Parres, agradeció la participación de los profesores asistentes, así como el trabajo de todas las personas y áreas involucradas en la realización de este encuentro, que durante dos días de trabajo permitió fortalecer distintas dimensiones de la práctica académica.
De manera especial, reconoció la labor de las maestras Lara Neri y Jazmín Acosta, quienes coordinaron y organizaron el desarrollo general del evento, cuidando tanto la estructura del programa como las condiciones necesarias para que cada actividad se llevara a cabo de forma ordenada, pertinente y provechosa para todos.
Por su parte, la maestra Lara Neri Montes también dirigió unas palabras de agradecimiento a los asistentes, reconociendo su disposición para participar activamente en cada uno de los talleres, conferencias y ejercicios prácticos. Señaló que la variedad de temas abordados fue pensada precisamente para enriquecer la labor docente desde distintos ángulos y para que los aprendizajes adquiridos pudieran incorporarse, de manera concreta, en las prácticas cotidianas dentro y fuera del aula.
Finalmente, las jornadas concluyeron en un ambiente de reconocimiento y compromiso compartido. Este encuentro permitió recordar que la docencia se fortalece cuando se piensa y trabaja en colectivo, cuando se actualiza desde la experiencia y cuando se reconoce que educar implica también acompañar, prevenir, orientar y construir.
Galería del Evento
Momentos destacados de las Jornadas Académicas